Hipocresía y sociedad.

Los recientes hechos que suponen un riesgo a la libertad de expresión en México, con el despido de una importante periodista, ponen a flote la incongruencia llevada hasta la hipocresía de la propia sociedad mexicana. En este espacio no se pretende criticar la solidaridad de la sociedad mexicana con uno de sus iconos más importantes en cuanto a materia de periodismo se refiere. Tampoco se tiene como intención criticar la indignación causada por las declaraciones en donde se pone en tela de juicio un presunto alcoholismo del presidente Calderón.

Creo que el tema no incide en si se trató o no de una censura o un despido injustificado, un método de extorsión o un ataque al libre ejercicio del periodismo en México. Se trata de nuestra propia indiferencia con relación a los asuntos políticos y sociales de nuestro propio ambiente, de nuestro propio país. Las masas piden una explicación por la posible censura a la periodista, es decir, exigen una explicación, más no un cambio. México no necesita de explicaciones por parte de sus gobernantes, de sus empresarios o sus periodistas, México necesita cambios profundos y urgentes en las formas de pensamiento sociales y políticas. Necesita interés en los asuntos nacionales por parte de sus habitantes, necesita información y conocimiento para los mismos. Necesita cooperación y unidad.

A mí punto de vista, lo importante no está en conocer los excesos de nuestro presidente, sino en tener los conocimientos suficientes para poder criticar y debatir acerca de las acciones que desde su gobierno se toman, no sólo a través de la banal comparación con la situación de otros países, sino mediante el uso de la razón para el entendimiento y uso de nuestra supuesta capacidad de análisis para ideas que resulten para la situación única de nuestro país.

Desafortunadamente, tal vez por la cultura, por una constante mediatización o una superficialidad en nuestras propias formas de pensamiento, nuestras acciones están orientas al hedonismo, a la apatía y al conformismo. ¿Está nuestro futuro determinado por nuestra propia forma de pensamiento? O siquiera, ¿Existe alguna forma de romper el paradigma?

M. Meursault

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